Sobre la importancia de no ser especial.
Ser especial es losa, es ancla, palanca,
catapulta al insondable y vasto reino de
la infelicidad supina. La mía o la de tu prima.
Desde la especialidad solamente hay decepciones,
rincones, negros, carreras sin frenos,
codazos, trompazos; y esa falsa falsa falsa
humildad del genio, que ni es ingenio ni es talento,
que no es más que imbecilidad del engreído portento.
Cómo pretender crecer, madurar, innovar nuestro ser,
siendo TAN especiales?!, brillantes estrellas
de mis galaxias parelelas. AVISO: Yo me bajo del carro,
socios y socias de mi alma. Yo me quedo en NORMAL,
eso sí, espacial o sideral si me entran ganas de volar.
El miedo (o terror en algunos casos extremos)
a la mediocridad, es ya para mí lastre absurdo
y obsoleto; zancadilla, patada en la espinilla.
Tanta tanta tanta es la felicidad que encierra la
verdadera humildad...que es imposible conocerla
y no quedártela para siempre. Todo lo demás, bullshit!