29 nov 2010

Elfalling

El cayendo
Elfa también
falling sin falo
Eu falo galego
Ti, falo, estate calado

28 nov 2010

26 nov 2010

Dar la talla

Quisiera ser tan alta como el Pirulí. Ni de coña. Ni en sueños desearía convertirme en vosotros, carroña. No dais la talla ni con zancos de saltimbanqui (vaya! por fin he logrado colar esta palabra tan divertida en un texto). Dar la talla no es cuestión de altos vuelos, se trata de no vivir como ratas en subsuelos; persiguiendo las sobras, mordiendo las suelas, robando vidas ajenas, pervirtiendo ingenuas, contaminándolo todo con su mal aliento, sin tiento, no sintiendo, sólo jodiendo y mordiendo, envenenando a otros. Sólo quedamos los buenos, pero somos muchos menos y puede parecer que no damos la talla; pero en realidad somos altos como las montañas más altas, esas de ese país tan bonito; y somos complicados, retorcidos, escarpados, escarbados, profundos, duros y afilados como las rocas del cañón del Sil o del Colorado. Tú y tu apellido francés os quedáis para siempre a mi lado. (Ya) No consigo imaginar una vida sin ti, sin largarme de aquí, sin desparrame sin frenesí, sin vivirla como si fuera un colibrí, como un gorrión simplón, comiendo miguitas de pan de tu mano, sin importarme nunca más el hecho por ejemplo de no tener un hermano. Porque no da la talla. Nosotros sí, nosotras cantamos pop, pero esa ya es otra historia. Voy a comprarme unas piedras viejas en algún lugar bonito y cuando ella venda sus viejas piedras de aquel otro lugar del pasado, tendremos un montón de piedras nuevas en un hipotético futuro que no necesito porque me sobra el presente para hacer con ellas un castillo o una fortaleza donde nadie podrá entrar si no conoce el santo y seña o las palabras mágicas; nadie que no dé la talla podrá siquiera encontrarnos o imaginarnos; ni con tomtomtos ni con gepeses ni con mapas de la isla del tesoro. No, qué pAsa!, ya no lloro, sino de felicidad, que es una cosa tan novedosa, que no sé qué carajo hacer, ni donde la puedo poner, porque ocupa tanto espacio que no me cabe en este cuerpo de saldo ni en un piso de alquiler. Tengo que comprarme un terreno neeeno, y poder gritárselo a las copas de los árboles, o grabarlo con una llave en suelos de mármoles. Podría ser tan alta como el Pirulí. Pero no quiero. Pero eso sí, tú, preciosa, ven a darme un beso pronto porque si no me desespero. Y no hay nadie en muchos kilómetros a la redonda que parezca dar la talla. Te echo de menos. Todo el tiempo.

o2

Necesito muchísimo más oxígeno que la mayoría. Eso ya lo sabía. Si no, me asfixio. Nací sin aire, estrangulada por ese extraño cordón semielástico que unía mi vientre al vientre de mi madre. Se enredó en mi cuello de infante y nací muriéndome, sin permitírseme respirar nada más entrar, nada más llegar. Creo que mi madre me suministraba comida adulterada desde antes de nacer. Veneno no. (Aunque oliese a canela). Mi madre no es así. Ella es buena. Ella no tiene la culpa. Ella sufre. Ella es buena. Pero me daba de comer una mierdecilla extraña por ese cordón para que naciese por siempre con una gran adicción. A los pliegues de su falda o al bajo de su pantalón. Mordiendo el polvo. Toda una vida de mono, de sudor, de sangre, de llanto, de lucha por romper las cadenas, toda una vida huyendo, con una sombra detrás, un monstruo con cara de señora pequeña y bonachona, un demonio de buen corazón, "un diablo de alma buena y pensamientos tiernos" como dirían Rapsus o Don Diego, que son la misma persona. Esa sustancia que inyecta en mis comidas me enferma, me debilita, me incapacita...A ella le da pena, pero es mucho más fuerte que yo. No le importa si teniéndome cerca soy un zombie. Ella casi siempre gana.

Vuelvo a sentir ese cordón ahorcándome. Llevo demasiado tiempo aquí, y el veneno, porque sí, saber sabe a gloria pero es un puto veneno para elefantes, me está reventando una a una todas las conexiones nerviosas que todavía estaban sanas y salvas. Y mis vísceras se descomponen; no consigo respirar con naturalidad, ni hablar ya de respirar a pleno pulmón. Se me encogen los órganos vitales, el corazón bombea sin ton ni son, arrítmico, desquiciado, el llanto incesante viene de la mano de la pasajera fiel Desesperación. Ella es buena, ella no tiene la culpa. Yo estoy enferma. Yo no puedo ayudar a mamá. Yo ya no sé siquiera si quiero ayudar a alguien. Yo ya no sé si quiero o quiera ayudar a nadie. Yo-ya-no-sé si quiero ayudar a otros. Esto sé: Voy a hacer algo grande, algo muy muy grande. Yo no voy a envenenar a nadie. Haré algo enorme o algo pequeñísimo. Tendiendo a lo minúsculo. Para que nadie pueda verlo ni vernos ni encontrarnos jamás. Vivir como liliputienses. Tú y yo. Nadie más. Te pediré nuestra primera cita el día que me cuentes al oído que todos los demás te sobran. Que todo lo demás no importa. El día que me grites a los ojos que sólo quieres estar conmigo y con nadie más. Tengo una enfermedad incurable. Si me abres la puerta entramos las dos. Dormimos a tu lado las dos; y ya siempre seremos tres, ases de corazones histéricos. Puedo amarte más y mejor que todas las personas buenas de este mundo juntas o por separado. "Medicina alternativa: tu saliva en mi saliva". Mi único anantídoto eres tú. Con tus besos, tu calor, tus ganas de comerte el mundo a bocados, tus guiños, tus sonrisas y tu olor.