27 jul 2011

antiparaíso

Existen algunos lugares en el planeta Tierra que son todo lo contrario a los lugares denominados paraísos. Son lugares en los que sin saber muy bien por qué sientes en tus entrañas y en tu piel, lo más alejado del placer que pueda existir. Es algo parecido a quedarse quieto en una calle fea cualquiera oyendo el sonido de una ambulancia parada a tu lado, colapsada la vía y entorpecido su destino (no avanzar sin más, sino salvar vidas) por coches que no se mueven, con sus conductores torpes y despreocupados, que fingen manojos de nervios solidarios, y digo fingen porque en realidad el acaloramiento es por culpa del sonido fuerte de la sirena, y por pensar si serán capaces de reaccionar y salir bien del paso quebrantando las leyes de circulación y saliéndose del carril del borreguismo, con sus audis y sus mercedes y sus bmw. La sensación es estremecedora, la sirena aumenta su volumen, o no, pero tú la oyes cada vez más fuerte, la ambulancia no se desplaza ni un milímetro y los últimos sesenta segundos en tu cabeza son sesenta martillazos con un yunque bestial donde crees que va a salirte sangre por las orejas imaginando que la mujer de alguien o los hijos de alguien o los padres de alguien o el mejor amigo de alguien o el marido de alguien o el jefe de alguien (bueno, esto puede no afectar a nadie, por desgracia y hoy en día) se está muriendo a tan solo unas calles, pero la asistencia necesaria no puede acercarse porque una hilera de coches o dos le bloquean el paso. De ahí comienzas a imaginarte a la persona que más amas y a quien más deseas encontrarte cada noche al llegar a casa y luego tu mente vuela, un accidente de tren, un accidente doméstico, un corte de digestión parada cardíaca o disparo en un ojo…y tu cerebro estalla. La sirena de una ambulancia cuando no suena en movimiento consigue paralizar los latidos de muchos corazones, y roba el aliento a casi cualquiera que tenga uno. Por lo menos durante un instante. El miedo es un monstruo que acecha.
Algunos lugares en el mundo me causan la misma sensación sin apenas nada de todo esto. Sólo con existir los tres (el lugar, yo, y la circunstancia de estar yo en ese lugar antiparaíso) consiguen el mismo efecto, una sensación-sentimiento, TAN alejada del placer, que podría ser su antagonista, y que conduce irremediablemente al consecuente deseo extremo de salir corriendo a otro continente.

23 jul 2011

Colibríes

La mayor parte del tiempo soy muy feliz y no lo siento. No lo experimento quiero decir. Bueno, y tampoco pediría perdón por serlo si fuese un lo siento a modo de disculpa. Digamos que soy feliz, y no lo siento, en los dos sentidos. Lo percibo de manera racional. Nos educan mal, o nos convertimos nosotros solitos en unos maleducados, algunos, construyendo en nuestras torpes y adormecidas mentes paralelismos entre vanales y pasajeras euforias hormonales y la bendita felicidad. La mayor parte del tiempo crecemos amarrados con fuerza al concepto de felicidad como un fin, como una meta, un objetivo tangible, específico...y no como lo que es en realidad: un enorme abstracto de equilibrio emocional, remanso de paz y tranquilidad, el camino hacia delante paso a paso, cimientos fuertes, relaciones estables, enriquecimiento espiritual, un eterno caerse y saber levantarse, disponer de una mano amiga para alzarse en pie cuando fuerzas flaquean, unos enormes ojos azules enfrente cuando anhelas respirar y mirar el mar enorme, los labios húmedos de esos ojos cuando te asfixia el infiernito de la ciudad-pueblo gris turbulento, una familia poco psicótica que se preocupa por ti y por los cien mil males del mundo, porque preocuparse es su quehacer promordial, la salud, la satisfacción instantánea y constante de necesidades fisiológicas básicas, relacionarte con los niños, con los animales, el amor informe por todo lo que existe... y un largo etcétera...
Los colibríes viven cada segundo como si fuera el único, no el último, esa actitud absurda es más de humanos; son los pájaros más pequeños del mundo, son muy hermosos pero sobre todo son muy frágiles, pero este hecho a ellos les trae sin cuidado, porque ellos mueven sus alas a velocidades supersónicas, hasta 90 veces por segundo, poniendo toda la carne en el asador, agotando el cien por cien de sus energías pajaríticas diarias. Deben comer el equivalente a la mitad de su peso para poder sobrevivir con tanto gasto. Están siempre a horas de morir de hambre. Tienen unos pies muy pequeños y patitas débiles, seguramente por ello desarrollaron esa enorme capacidad vibratoria en sus alas minúsculas, que les permite quedarse quietos suspendidos en el espacio; por eso y para seducir a las chavalas como no, dejándolas a todas picoabiertas. Mueven las alas tan deprisa que emiten un sonido como de un susurro, pero son tan listos los puñeteros que cuando se alimentan tratan de ser sigilosos y no emiten sonido alguno; así no son molestados ni capturados mientras hacen lo más importante: mantenerse con vida reponiendo energía. Y encima no son unos cerdos vaya, y no hacen ruido al masticar. Alcanzan velocidades de hasta 100 km/h y son capaces de volar hacia atrás, ¿alguien da más?...Pues sí, ellos mismos. Todavía no he contado lo más increíble de estas minusculidades maravillosas. Por las noches, o cuando no encuentran alimento, son capaces de ralentizar su metabolismo, su respiración, los latidos de su corazón tamaño lentejita de las pequeñas pueden disminuir hasta 50 por minuto. Se provocan, los muy astutos, un estado de semi hibernación llamado "torpor". En nada comparable a nuestra torpeza y a nuestro sopor por cierto. Lo nuestro es pereza, vagancia pura. Lo suyo es una auténtica proeza. Y aun con todo, parece ser que lo más sorprendente de los colibríes es su capacidad de emitir color. Sus colores fantasía no provienen de pigmentación alguna, sino de su iridiscencia. Según como les dé la luz y según donde te coloques tú, le verás de un color o de otro. Buf, sin comentarios.
Hasta aquí mi pequeño homenaje a este honorable vertebrado y a todo su linaje.

Y una reflexión para terminar...¿qué haría usted si tuviera la capacidad de quedarse quieto y suspendido en el aire en el momento y en el lugar elegido?...

A nosotros no nos hacen falta esas cosas, aunque nos concedieran todos los superpoderes de todos los superpoderosos supersuperiores de todas las supergalaxias, no sabríamos que hacer con ello y nos deprimiríamos. Cuantas más opciones se nos dan o más libertad de elección tenemos, más patentes y latentes nuestros traumas y rencores, más débiles, más incapaces, más tristes y más infelices los kokorazones. No desees ser otro que no seas tú; porque luego no sabrás que hacer siendo uno y cargando con la sombra del otro, y la lucha encarnizada entre ambos te dejará sin energías. No habrá carne suficiente en tu pequeño y aislado mundo de cartónpiedra que puedas ingerir, para reponer todas las proteínas que invertiste y perdiste cada día de aquellos en que no elegiste ser tú.