5 nov 2011

otoño

Nacemos con las respiraciones contadas. Así que debes tener mucho cuidado y hacerlo todo lentamente. Sobre todo respirar. Dependiendo de cuantas respiraciones hagas, tu tiempo en Tierra variará soberanamente. No huyas, no abuses, no folles como un conejo, ¿¡no ves que muchas respiraciones rápidas y cortas malgastan tu tiempo vital?!. He reflexionado mucho acerca de este tema de arranque muy budista, o sufista, o algo así, en resumen personas mucho más sabias que nosotros; y creo que viviré lo justo y necesario. Ni más ni menos. Por cada día de excesos respiratorios en que me dejo dominar por estreses ansiedades o evitaciones salvajes like huídas en estampida, existe en mi vida otro día en el que practicamente no respiro; me quedo sin aliento en esos días. Me quedo atrapada en un susto fuerte, en una impresión brusca, en una muerte de un niño, en una mala contestación. Y ahora sé que así, beneficio mi balanza interna y prolongo mi estadía Aquí. O al menos la equilibro un poco para que días de inconsciencia e inercia con sus respiraciones agitadas no se apoderen de todo y me dejen sin años de juego, sin tiempos de más teatro, sin papel en esta gran obra macabra o maestra según el cristal con que se mira; según cuanto se te haya incrustado en la córnea al caer del regazo de tu madre al suelo y según cuanto dinero tengas para cirugías láser reparadoras.
Ha llegado el otoño. Otro otoño. Este parece mejor que en anterior. Tengo como doscientas canas más que hace un año, y tengo como doscientas ganas menos de pelearme con la vida. Ahora trato de ser tan sólo su amiga. Problema que la muy puta exige taNNNto, que me deja casi sin tiempo para el resto. Echo de menos a mis amigos. Estáis todos demasiado invisibles, pero eso sí, nunca os siento lejos; creo que lo que más lastima es el concepto, la comparación, la presión social. Si consiguiese arrancarme esa pielecilla que recubre el cerebro y que se infesta cada día de todas las cosas que no son yo y que se hacen pasar por mis pensamientos sin ningún tipo de escrúpulo ni pudor, creo que habría conseguido que me tocase la lotería. Y a la inversa también. Si me tocase la lotería, ese oscuro traje o pellejo social se iría a tomar por culo tan deprisa como el gallo canta y molesta desde que amanece un nuevo día.