28 may 2012
La vida es mucho más sencilla. Mientras tú te escondías y lo observabas todo detrás de la mirilla, yo me daba cabezazos y patadas contra todas las murallas. Algunas las salté, otras las derribé, y muchas otras creo que me las inventé. La vida es mucho más sencilla. Mientras la mayoría jugaba y reía yo me miraba en el espejo y me preguntaba de dónde podría nacer ese sentimiento de desolación tan profundo que residía en mi pecho. La vida es mucho más sencilla. Te encontré y cambié ¡pues NO!, te encontré porque cambié. Porque ya no salto ni bebo ni me esfumo cuando las cosas se complican; el miedo es un bicho espeluznante, pero ya no hay fantasma bajo la sábana, ya no hay motivos para salir corriendo. La vida es mucho más sencilla, dormir a tu lado o no dormir a tu lado, besarte o no besarte, verte sonreír o no verte sonreír, acariciarte o no acariciarte, sentir tu cara pegada a la mía o sentir el aire frío o la manta áspera, hacer bien la digestión o no tener ganas de comer, dormir con pastillas o dormir sin pastillas, soñar contigo o tener pesadillas contigo, la vida es mucho más sencilla - desde que llegaste - y tiraste al fondo del océano mi llave de la puerta trasera, desde que sellaste a cal y canto la salida de emergencia y le tiraste piedras a las bombillas encendidas que guiaban el camino de vuelta a casa. Venías con el letrero HOME colgado del cuello y la sonrisa y la lengua como herramientas inflamadas de las ganas almacenadas de empezar a construir tu sueño, el sueño bueno, conmigo, sin miedo, tan pronto como yo estuviese lista. Y llegó ese día...Y con él los tropiezos las torpezas las perezas los malos vicios y los juicios. Y cuando se acaba de vomitar, ya sólo queda bilis y esperar. Y entonces, la comida de a poquito se convierte en un manjar. La vida es mucho más sencilla. Básicamente se trata de echarte de menos cuando estás o echarte de menos cuando no estás. Con una única meta: no tener que echarte de menos jamás.
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