resuena en mis entrañas like alarido de SantaKlaus.
Ya no hay lluvia que me destruya, volvió a las calles la patrulla!
Acariciar sus manos es como estar en un balneario,
o en una residencia de ancianos ricos,
sin conciencia, sin recuerdos, sólo dentaduras postizas, del infierno sólo quedan las cenizas, sin saber donde termina la tuya y empieza la mía; mano fría, pie helado, corazón hirviente, y el edificio más chulo lo diseñó un gallego valiente; las piedras las colocaron otros; que nosotros de siempre montamos solos a nuestros potros. No quiero que te vayas nunca más. Quédate conmigo. La retaguardia es un buen lugar en el extranjero donde retirarse a planear la jugada maestra, como la llave, que todo lo abre. El extranjero humano no existe sino sólo el concepto, de mi cariño, tú, adepto; puedo vivir cada año en un lugar distinto del mundo, y hacerlo con amor e interés profundo. La chica guapa se viene conmigo; tú no te traigas equipaje, de sobra sabes que ya no lo necesitas.
