25 jun 2010

Cervezencuando

Estoy bebiendo sola en casa. Cerveza helada, porque hace mucho calor. Pero es mentira, digo sólo lo que me gustaría. Porque la nevera es tan vieja que la goma está podrida y cierra mal, y no enfría. Lo de estar bebiendo cerveza sola sí es cierto. Eso no es mentira. Es de lo poquito que no es mentira aquí en la cancha.
Ha pasado mucho tiempo desde que no lo hacía, qué recuerdos ...
Qué gusto poder hacerlo ya sin sangrar ni vomitar; qué gusto poder sufrir tanto pero con perspectiva. Son las únicas cosas que nos hacen realmente felices a los seres humanos. Las cosas que logramos a base de esfuerzo, de mucho esfuerzo. Yo me esfuerzo en construír relaciones. Como Sirta edificios. Mi empeño es que sean fuertes y elegantes. Que no nos importe a ninguna de las partes conformantes y habitantes, lo que piensen los que miren desde fuera. Que nada ni nadie pueda debilitar cimiento con su mal aliento. Yo creo que cada duelo heavy-metal que atravieso por pérdida, desahucio o demolición, imposibilita a un puñado grande de personas que aun no conozco a la hora de herirme lo más mínimo. Por tanto el daño de una sola, atravesado sin ropa, caminando sobre las brasas, mirando a los ojos las taras personales, y las carencias y las heridas infectadas, sufriéndolo en la carne y en la entraña, evita el daño de muchas otras personas que aún no conoces pero conocerás algún día, y que en realidad son muchas más que una sola, la que te hizo daño sinquerer. Sinsaberquerer. Cervezencuando echo de menos a alguien que no existió nunca (más allá de mi propia imaginación). Pero es que ella era TAN parecida. No sé, quizá suene mejor (...) pero es que ella se parecía TANto. Qué lío con las palabras, qué suerte tenerlas y malditas, causa y efecto, veneno y antídoto. Sin ellas seríamos todos más felices, menos Yo; eso seguro. Mi felicidad jamás dependerá de algo mundano. Me niego. Ay, pero esa casita en la montaña o en la playa, y esa chica preciosa, y ese amigo ideal, y esos niños tan rubios, y esa moto y ese coche y lo nuevo de apple, y viajes en primera, el sushi, el teatro, el café más caro en la azotea del edificio más alto, ese museo fantástico...uhmmm, podría conformarme con todo eso y fingir ser feliz y dejar de escribir este diario deconstructivo por no tener tiempo ni fuerzas, de tantas veces que hacemos el amor en esa cama-paraíso que compramos en Asia aquel verano que nos amábamos tanto y nos sonreíamos como idiotas inconscientes pensando que no podría haber nadie más feliz que nosotros en este mundo extraño, en este mundo enfermo de miedo y de rabia. En este loco mundo que me pega unas palizas de muerte y cada día me levanto y le amo más y más; no así a sus habitantes. Pero estamos en ello. Paciencia camaRRadas!