27 jul 2010

Insoportable pesadez del SER

Soltera. Separada (arrancada, amputada, me adhiero con fuerza por desgracia para tantos). Divorciada de nada. Casada con la Vida, obligada, de penalti, algien me puso unas esposas tramposas que no tienen llave ni pueden abrirse. Y bien sabe dios que he intentado romperlas a martillazos y he buscado llaves hasta debajo de las piedras del kilimajaro. Llámense sobredosis, tiradas de toalla y demás gama completa de autoatentados que podríamos englobar en: Basta Ya-No puedo más-No quiero más-Hasta aquí-Me quiero morir-Urgencias-etc. Pero existe una inercia poderosa que me empuja a seguir viva en contra de mi voluntad. Iván decía cuando sólo era un Pirata: Hoy entiendo lo que soy, tengo claro donde voy, hoy, ya no quiero arreglar, hoy, me he despertado hoy (...) En Galicia todo el mundo sabe que arreglar significa comprar drogas. Arreglar significa estropear o estropearse; paradojas del noroeste. Yo HOY, pienso justo lo contrario que Iván. Hoy me doy cuenta con 32 y medio que no me gusta QUIEN soy. No me gusta nada quien soy. Nada de mí, nada, ni ropa (no existe la que me a mí me gusta, nunca la vi), ni mi pelo, ni mis facciones, expresiones, movimientos, respuestas, acento desterrado, hibridez hasta en los poros, mi cuerpo...puedo hacer con él lo que quiera; adelgazarlo y engordarlo ya no supone reto alguno; ahora soy delgada, y de que me sirve estar más delgada o ser más flexible. Por qué debería o querría gustar más al exterior si no me gusta a mí interiormente quien soy yo como persona mundana. Un gordito muy listo que se murió hace unos años decía que el cuerpo refleja fielmente todos los conflictos internos. Él, que se decía autorrealizado, comentaba acerca de las rigideces de cuerpos poco flexibles que eran expresiones de sus bloqueos emocionales, etc. No entiendo nada; por quÉ justamente el obeso nos daba al resto esta clase de lecciones, que por una parte bienvenidas sean todas sus pesquisas, conclusiones y descubrimientos, que tantísima luz nos transmiten siempre a los más débiles y confundidos, pero por qué; por qué no hablaba de su sobrepeso y nos explicaba qué significa o que quiere transmitirnos su cuerpo deforme. Desde que mi última relación tocó fondo (terminar es una palabra muy fea, hay montones de matices en tocar fondos para luego despegar y continuar, en otra parte en otra vida), dejé de tener dolores de espalda. Me he pasado toda la vida a caballo entre la necesidad compulsiva de ser querida y aceptada y la necesidad compulsiva de reaccionar. Al no conseguir afecto nacía la angustia, al aceptar la norma nacía la angustia. Todos huímos de la angustia. Yo la atravieso cuando tengo oportunidad. Por eso sin saber bien por quE siempre os pido paciencia y respeto; mi opción es otra, atravesar el dolor, y no la elijo porque quiera, os hablo de inercias poderosas más fuertes que yo misma; en apariencia masoquismo; no lo es, y mejor no os digo lo que pienso yo de vuestras opciones (¿veis? borde, desagradable, así SOY). Me enseñaron-educaron de este modo: serás aceptada si haces bien lo que te ordenan, y de ahí surgirá el afecto posteriormente. Un día me di cuenta de la mentira, porque seguía haciendo todo bien pero el cariño no estaba, ni las felicitaciones, ni los besos, los abrazos, las sonrisas...y surgió la angustia en la más tierna infancia. Angustia de identidad.¿Por qué nos enseñan a buscar en el exterior todo lo necesario para la Vida? ¡Qué gran dilema y error MATER!, y los desperfectos que causa a la humanidad son TAN catastróficos. Me siento completamente incapacitada para la verdadera felicidad. Me siento del todo incapaz de sonreír a pleno pulmón a sabiendas de todos los horrores que están sucediendo en todas partes y no logro apartar la mirada. No logro que pese más la balanza de la bondad, del amor, de los niños inocentes, de la naturaleza salvaje, de la generosidad...que una bofetada inmerecida de un padre a su hijo, de una madre que abandona a un bebé en un contenedor de basura, o de una bruja que maltrata y hacina ancianos en un zulo; por no hablar de los horrores de la guerra, los maltratos, las violaciones de los derechos humanos y las torturas. HOy no me gusta quien soy. Necesito encontrar el modo de matarme y volver a empezar; no importa que deba ser de nuevo en este cuerpo. Pero deseo ser mejor persona. Deseo ser una persona afectiva, cercana, que no tenga tanto miedo al rechazo, des-condicionada, espontánea, inteligente, pero sólo en su justa medida, amorosa a rabiar, cálida en vuestro invierno, frescura para tórridos infiernos, risa de ultratumba, ingenuidad renovada, sin exigencias ni neurosis. No se puede esperar recibir amor si no se dá primero a todos, en todas partes. Sólo el amor que se dá puede hacernos felices, jamás el que se recibe. Y yo he debido dar muy poco aún, porque no siento apenas alegría dentro de mí. Momentos efímeros. Y echando la vista atrás, he tenido relaciones de amistad y de pareja intensas y maravillosas, una buena familia que me ha cuidado como ha sabido-podido, un montón de buenas oportunidades que he sabido aprovechar, y mareas de momentos mágicos y destellos de divinidades compartidas donde deseé que se parara el mundo para bajarme en ese preciso instante. Llevaba toda la vida creyendo que era buena persona, y no es verdad. No soy buena persona, para nada. De ahí la obsesión enfermiza por mejorar, por crecer, terapias, despertares, estados alterados de conciencia. Creo que nunca he amado a nadie, pues todas las ausencias me han provocado un profundo dolor, y eso sólo significa egoísmo. Sigo deseando volver a rozar esos labios, acariciar esas manos, esa espalda, volver a abrazar a todos mis muertos en vida, porque soy egoísta; porque todo eso me hacía sentir muy bien; todo eso desviaba la mirada, calmaba el espíritu y hacía que el mundo me pareciese un lugar más habitable. Pero eso no es amor. No puede serlo. Si la ausencia de alguien te produce vacío no puede ser amor, es egoísmo, echamos de menos la sensación que nos provocaba su compañía. No a la persona como SEr único y especial. De las mayores torpezas cometidas-vivenciadas, la última, es no haber conseguido (ninguna de las 2) rescatar siquiera la risa y el sexo, las dos únicas y sanas costumbres que nos aliviaban mutuamente la tortura que algunos días nos suponía juntas y calladas el mero hecho de existir, yo sin sentido y ella sin sensibilidad. Todo ello con nuestros preciosos disfraces de afabilidad, seducción y aventura. Jurándonos lealtad e inocencia con fecha de caducidad. (Ojalá nada de esto sea verdad). Yo no soy especial. No lo soy. Sólo quiero que me quieran cuando yo consiga quererme y perdonar, sobre todo perdonarme a mí y al dios que consiente tanto sufrimiento infante (en vidas adultas). Mirar hacia delante y sonreír una vez más. Lo siento muchísimo, lo siento en el alma; no doy la talla; esperaba muchísimo más de mí hasta Aquí, pero desde hoy ya no me gusta nada quien soy. Es algo definitivo. Necesito morir y seguir. A por la próxima partida de Vida. Reiniciando sistema operativo. No soy especial. No lo he sido nunca. Ahora mi única labor social es aliviar penas ajenas, dolores inmerecidos, dar manos a desfavorecidos, a quienes las piden a tiempo o a quienes llegan perdidos buscando un remanso de paz. Sin fármacos (no entraré jamás en intrusismo profesional), sin trampas, sólo con 3 herramientas, todo y lo único que somos: inteligencia, energía y afectividad (esto lo aprendí del maestro gordito, enorme en todas las facetas de su Ser y en quien tanto alivio yo encontré en su día; muy humano, muy extraño al fin y al cabo). Pero no quiero tener que volver a disimular la sonrisa; no quiero apretar mandíbula y trabajar desde la mentira, hablar de lo que no sé; no puedo callarme siempre y no decir nunca: "yo soy mucho más infeliz que tú, y no pasa nada". Hoy pienso que somos todos tan tontos. Tan esclavos de nuestros hábitos. Ante un insulto me siento mal, ante un piropo me siento bien, a la bofetada indignación, a la genuflexión le sigue el perdón, al hambre alimento, al deseo la carne, al vacío dolor, a la risa alegría, malditos perros de Pavlov todos, y yo reina de los tontos. Nos imitamos todos; nuestros gestos son de otros que ni siquiera recordamos; seguro los mantenemos alejados para que no sepan nunca lo poco originales que somos cuando les copiamos hasta en la forma en que sujetamos la tacita de café o nos tocamos el flequillo. Cada beso y cada caricia que he dado ha sido todo siempre nuevo e inventado; dedicado de corazón. Todo lo demás somos suciedad social. Necesito una ducha catarata salvaje de aguas torrenciales que me permitan regresar a mi naturaleza más simple. Sólo quiero SER. Sólo pido eso, SER. Y que nada de ésto sea en vano.



Y en lo único en lo que seguiré creyendo es
en la resurrección y en el amor eterno.
(No es necesario entender los conceptos)