27 ago 2012

¿Y si el malestar profundo y constante no fuese más que una válvula o un resorte que salta o se dispara para obligarme a evolucionar? ¿Seguiría siendo tan malo el MALestar o mejor dicho el nosaberestar? No debería, verdad? Sería un aliado al fin y al cabo. Sin embargo...cada crisis parece la peor crisis, cada tropiezo parece ser el que más huesos rompe, cada error, el peor, cada grito el más espeluznante, cada falta de respeto la más imperdonable, cada pensamiento el más extremo, cada remordimiento el conESTO-yonopuedovivir, cada decisión la más desacertada, cada recuerdo el más doloroso, cada ojeada la más miope, cada impresión la más patética, cada sensación de asfixia la más cercana al desmayo por falta de oxígeno, cada explosión la más parecida a la bomba atómica, y cada lágrima, la más amarga y la más ácida (quemando el rostro y escociendo la entraña). Cada minuto el más cercano al morir. El sufrimiento, ese monstruo de fabricación casera, no tiene límites ni fecha de caducidad. Es un suicida que siempre cae en suelo acolchado al saltar por la ventana, o al que se le rompen los cuchillos de plástico al intentar cortarse las venas, o al que le dan arcadas al intentar tragar tantas pastillas seguidas. El sufrimiento te acecha, te persigue, te acorrala, te mira a los ojos y no hace nada; sólo te recuerda que sus ojos son los tuyos, que le has tenido desde siempre en tu vientre y que no tienes escapatoria. ¿Debería darle las gracias al perpetuo malestar por obligarme a evolucionar? ¿Será proporcional la intensidad del Mal que siento dentro a la cantidad de tiempo? (tiempo en años, los que llevo sin ser mejor persona en ningún terreno de mi vida). Y más importante aún ¿cuánto dolor soy capaz de soportar antes de aceptar? Sí, aceptar que el malestar implica y en imperativo evolucionar, mejorar, avanzar, superar, perdonar,...APRENDER A AMAR?