A veces me da miedo que mi vida no sea real. A veces pienso que todavía tengo 19 o 27, o 22, sobre todo 22...y que estoy en un trance hipnótico en alguna de aquellas sesiones que decían me ayudaban a dejar las drogas, o lo intentaban al menos. Algunos días no consigo sentir mis propios pellizcos y no encuentro pistas o claves para descifrar el acertijo o para poder al menos distinguir entre sueño y realidad, entre vida e ilusión, entre Yo y mi alucinación. Me asusta un poco pero no lo suficiente, la idea de no estar viva aún, de seguir en coma en alguna mala noche a los 20 o 21. Aunque también pudo haber sido en otra parte a los 28. Incluso pudo haber sido todo cierto hasta que un bicho gigante se coló por mi oreja y decidió anidar en algún surco de mi masa encefálica, en la selva centroamericana, cuando perdía peso a velocidad de vértigo y sólo podía tumbarme en el suelo a contemplar el deambular de las nubes, entre cafetales y bananeros. Pero a veces me gustaría que no. Deseo con mucha fuerza algunos días que la voz de mi amiga cuente desde diez hacia atrás y que al chasquear sus dedos se pusieran todos los contadores a cero. Sé tantas cosas AHORA...Saltaría del diván, la besaría en la frente, y saldría corriendo a buscarte. Solucionaría TODOS los problemas del mundo con mis manos y con tu sonrisa. Erradicaría las palabras necias de mi vocabulario y repartiría gafas mágicas y cera para tapar los oídos de los niños más vulnerables. Los laberintos siempre me han provocado angustia, claustrofobia. Pero puedo convertirlos en un reto si tú quieres que lo haga. Puedo hacer casi todo lo que tú quieras que haga, el único requisito es que sigas enamorándome cada día. Soy muy feliz amando. Tengo que aprender a ser amada. Eso es un asunto importante en la lista de asignaturas pendientes. Prefiero los caminos sin setos, las casas sin paredes, los países sin muros, las personas sin corazas, los corazones sin pericardio, las lenguas sin gérmenes, los ojos sin lágrimas que no sean las que nos regala el viento entrando dentro o las que causan los ataques de risa mortales. Prefiero lo que quiero muy por encima de lo que quieran. Quiero a mis amigos, te quiero a tí. Os quiero a todos Aquí. Conmigo, inventando mundos paralelos, viviendo dos vidas en una por lo menos, escribiendo por escribir, siendo la Voz que conmueva al camarada, diciendo vamos amigo, levanta, no pasa nada.
Vive...
Conmigo.
