26 nov 2010

o2

Necesito muchísimo más oxígeno que la mayoría. Eso ya lo sabía. Si no, me asfixio. Nací sin aire, estrangulada por ese extraño cordón semielástico que unía mi vientre al vientre de mi madre. Se enredó en mi cuello de infante y nací muriéndome, sin permitírseme respirar nada más entrar, nada más llegar. Creo que mi madre me suministraba comida adulterada desde antes de nacer. Veneno no. (Aunque oliese a canela). Mi madre no es así. Ella es buena. Ella no tiene la culpa. Ella sufre. Ella es buena. Pero me daba de comer una mierdecilla extraña por ese cordón para que naciese por siempre con una gran adicción. A los pliegues de su falda o al bajo de su pantalón. Mordiendo el polvo. Toda una vida de mono, de sudor, de sangre, de llanto, de lucha por romper las cadenas, toda una vida huyendo, con una sombra detrás, un monstruo con cara de señora pequeña y bonachona, un demonio de buen corazón, "un diablo de alma buena y pensamientos tiernos" como dirían Rapsus o Don Diego, que son la misma persona. Esa sustancia que inyecta en mis comidas me enferma, me debilita, me incapacita...A ella le da pena, pero es mucho más fuerte que yo. No le importa si teniéndome cerca soy un zombie. Ella casi siempre gana.

Vuelvo a sentir ese cordón ahorcándome. Llevo demasiado tiempo aquí, y el veneno, porque sí, saber sabe a gloria pero es un puto veneno para elefantes, me está reventando una a una todas las conexiones nerviosas que todavía estaban sanas y salvas. Y mis vísceras se descomponen; no consigo respirar con naturalidad, ni hablar ya de respirar a pleno pulmón. Se me encogen los órganos vitales, el corazón bombea sin ton ni son, arrítmico, desquiciado, el llanto incesante viene de la mano de la pasajera fiel Desesperación. Ella es buena, ella no tiene la culpa. Yo estoy enferma. Yo no puedo ayudar a mamá. Yo ya no sé siquiera si quiero ayudar a alguien. Yo ya no sé si quiero o quiera ayudar a nadie. Yo-ya-no-sé si quiero ayudar a otros. Esto sé: Voy a hacer algo grande, algo muy muy grande. Yo no voy a envenenar a nadie. Haré algo enorme o algo pequeñísimo. Tendiendo a lo minúsculo. Para que nadie pueda verlo ni vernos ni encontrarnos jamás. Vivir como liliputienses. Tú y yo. Nadie más. Te pediré nuestra primera cita el día que me cuentes al oído que todos los demás te sobran. Que todo lo demás no importa. El día que me grites a los ojos que sólo quieres estar conmigo y con nadie más. Tengo una enfermedad incurable. Si me abres la puerta entramos las dos. Dormimos a tu lado las dos; y ya siempre seremos tres, ases de corazones histéricos. Puedo amarte más y mejor que todas las personas buenas de este mundo juntas o por separado. "Medicina alternativa: tu saliva en mi saliva". Mi único anantídoto eres tú. Con tus besos, tu calor, tus ganas de comerte el mundo a bocados, tus guiños, tus sonrisas y tu olor.